La violencia armada volvió a golpear con fuerza la noche del lunes en el barrio San Agustín, dejando al descubierto la persistente vulnerabilidad con la que conviven las barriadas populares. Un hombre de 38 años fue ejecutado a tiros y su sobrino de 25 resultó herido en un ataque a quemarropa ejecutado por sicarios que se dieron a la fuga y continúan impunes.
El hecho se registró alrededor de las 22:30 en inmediaciones de calle Ceferino Namuncurá al 7200. Según reconstrucciones de allegados, ambas víctimas habían salido a realizar compras de rutina cuando fueron abordadas por ocupantes de una motocicleta que abrieron fuego sin mediar palabra. Tras las ráfagas, los propios vecinos debieron organizar el traslado particular de los heridos hacia el hospital Iturraspe ante la urgencia del caso.
A pesar de los esfuerzos médicos, la víctima de 38 años falleció poco después a causa de múltiples disparos en la zona abdominal. Su familiar permanece internado fuera de peligro con una herida de bala en la pierna izquierda, transformándose en un testigo clave para identificar a los atacantes. Allegados a la familia aseguraron no registrar amenazas previas ni conflictos que explicaran la agresión.
El crimen no representa un hecho aislado, sino que se enmarca en un escenario de creciente hostilidad y falta de respuestas preventivas. Durante la misma madrugada, habitantes de las inmediaciones de la escuela Santa Mónica reportaron intensas balaceras, ratificando la alarma generalizada de un vecindario acorralado por el accionar delictivo y el estancamiento de las garantías básicas de seguridad.
