13 octubre, 2026
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A menos de dos semanas de los comicios presidenciales en Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva utilizó el estrado de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas para dar un firme mensaje en defensa de la soberanía nacional. Sin nombrar directamente al gobierno estadounidense de Donald Trump, el mandatario rechazó cualquier intento de interferencia externa en la política interna de su país y fustigó la división geopolítica del planeta en zonas de influencia.

Durante su alocución en Nueva York, Lula cuestionó las recientes presiones económicas impuestas por Washington —como la aplicación de aranceles del 25% a bienes brasileños— y remarcó la autonomía de Brasilia para definir sus políticas de desarrollo, comercio y seguridad regional. En ese sentido, desestimó los planteos sobre intervenciones militares internacionales en la lucha contra el crimen organizado y reafirmó la soberanía brasileña sobre el control de sus fronteras y recursos estratégicos.

En el plano internacional, el jefe de Estado cargó contra la inacción del Consejo de Seguridad de la ONU, renovó sus críticas a la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza y volvió a impulsar, junto a China, una salida negociada para la guerra entre Rusia y Ucrania.

La contundencia del discurso oficialista se da en un contexto de altísima tensión política doméstica. Las últimas mediciones de opinión pública reflejan un escenario de empate técnico entre Lula y el candidato opositor, el senador Flávio Bolsonaro, de cara a las elecciones del próximo 4 de octubre, transformando la postura internacional del Ejecutivo en una pieza clave de la recta final de la campaña.

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