Una multitudinaria jornada de protesta que movilizó a más de 30.000 personas en la capital belga terminó en violentos disturbios cerca de la Gare du Midi, donde las fuerzas antidisturbios reprimieron con gases lacrimógenos y camiones hidrantes a grupos de manifestantes. La marcha sindical internacional en rechazo a los recortes presupuestarios dejó un saldo de destrozos en la vía pública, vehículos destruidos y una veintena de detenidos, en su mayoría menores de edad que se sumaron al reclamo.
La escalada de tensión refleja el descontento social generado por el plan del primer ministro conservador Bart De Wever, quien busca implementar un severo ajuste de 10.000 millones de euros para achicar el déficit fiscal del país. En las últimas semanas, las movilizaciones estudiantiles se contagiaron desde la región de Lieja tras los recortes anunciados para el sistema educativo, encendiendo un clima de protestas que amenaza con paralizar las principales actividades comerciales e industriales del país europeo.
Mientras las centrales sindicales exigen mayor carga impositiva sobre los grandes patrimonios y rechazan los aumentos del IVA y la quita de partidas en salud, el gobierno acelera las negociaciones con la coalición oficialista para cerrar el paquete de recortes antes del 13 de octubre. La masividad de los reclamos y el nivel de enfrentamiento en las calles exponen el desgaste del modelo de contención estatal y abren un escenario de alta incertidumbre social en la sede del poder político continental.
