Frente al impacto devastador de las inundaciones recurrentes y la falta de previsión en la infraestructura tradicional, Brasil comenzó a evaluar un cambio radical en su gestión ambiental: la adopción del concepto de «cuenca esponja». La iniciativa busca replicar a escala territorial el exitoso modelo de «ciudades esponja» implementado en China, apelando a soluciones basadas en la naturaleza para retener el agua y contener el colapso de las zonas urbanas.
El proyecto exige abordar las cuencas hidrográficas de manera integral, desde las nacientes hasta la desembocadura, para frenar el caudal en las partes altas antes de que arrase con los centros poblados. Como señala la especialista Cecília Herzog, la lógica de los cauces fluviales trasciende las fronteras políticas. Por ello, la estrategia prioriza la reforestación de márgenes, la protección de cabeceras y la creación de parques de absorción urbana, evitando que la lluvia acumulada se transforme en un torrente incontrolable.
La propuesta cobra un sentido de urgencia en una región profundamente castigada por la frecuencia de eventos meteorológicos extremos. Lejos de ser una solución cosmética, la adaptación del modelo asiático busca ponerle un freno a la vulnerabilidad histórica del territorio, cuestionando la efectividad del concreto convencional y exigiendo intervenciones de fondo que prevengan futuras tragedias humanas y económicas.
