Un ataque coordinado con proyectiles y drones —presuntamente lanzados desde territorio iraquí por milicias aliadas a Irán— impactó contra el sistema estratégico de oleoductos de Arabia Saudita. La ofensiva provocó severos incendios en estaciones de bombeo clave y encendió las alarmas de los mercados globales, empujando la cotización del barril de crudo por encima de los 100 dólares en medio de un escenario geopolítico de extrema volatilidad.
Imágenes satelitales confirmaron daños de consideración en la infraestructura del oleoducto Este-Oeste, una arteria neurálgica que transporta cerca de 5 millones de barriles diarios hacia el mar Rojo para eludir el bloqueo que Teherán sostiene sobre el estrecho de Ormuz. Con el frente marítimo bajo la constante amenaza de los rebeldes hutíes y la producción saudí en sus niveles más bajos desde 1990, la logística energética internacional se encuentra al borde del colapso.
El silencio del gobierno saudí y de la petrolera estatal Aramco refleja la gravedad de la situación en Oriente Medio. La embestida contra los centros de producción del mayor exportador de crudo del mundo no solo expone la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales, sino que anticipa una crisis de costos con impacto directo en las economías occidentales y emergentes.
