Pasó dos décadas privado de la libertad, ingresó al sistema penal siendo un menor golpeado por la vulnerabilidad y salió tras haber vivido en carne propia la degradación de las adicciones. Lejos de ser un caso de éxito del sistema penitenciario —al que denuncia por carecer de herramientas reales de reinserción—, Mario transformó su experiencia en una trinchera de lucha territorial contra el flagelo del consumo y la captación narco en las infancias.
A sus 50 años, y tras 16 de abstención plena, lidera Rompiendo Cadenas, una asociación civil formalizada por la provincia de Santa Fe que recorre escuelas, facultades, clubes y empresas. La organización combate la penetración de la cultura narco en los sectores más postergados y ofrece asistencia ambulatoria a personas con consumo problemático y a sus familias en su centro de día en Acebal.
Un sistema que castiga pero no recupera
La historia de Mario expone las grietas de un Estado ausente en las etapas más tempranas de la vida. Su vínculo con las sustancias comenzó a los nueve años, atravesado por la ludopatía paterna y un paso por un hogar de huérfanos en Venado Tuerto, para luego afincarse en las calles de la ex Villa La Lata, en Rosario. Allí, entre la exclusión y la delincuencia juvenil, escaló en el delito y la violencia barrial, llegando a ocupar lugares de conducción en las tribunas futboleras.
En 1997, tras un hecho delictivo en el que murió un menor, fue condenado a 20 años de prisión. Sobre aquel período, Mario es contundente respecto al rol de las penitenciarías: al no haber instituciones juveniles adequadas en su momento, fue encarcelado con adultos, lo que potenció su carrera delictiva dentro del penal. A pesar de asumir su responsabilidad penal y pedir perdón a las víctimas que lastimó, remarca que las unidades carcelarias no ofrecen formación ni oportunidades reales de trabajo.
Desmantelar la «cultura narco» desde la prevención
Tras recuperar la libertad, se capacitó como director y operador comunitario en salud mental. Hoy, desde Rompiendo Cadenas, confronta una realidad alarmante que observa en los talleres escolares: la naturalización del crimen organizado en niños de tan solo 12 años que manifiestan su deseo de integrarse a las estructuras del narcotráfico como sicarios o referentes del narcomenudeo.
Desde la entidad advierten que la adicción no es simplemente el consumo de una sustancia, sino la manifestación de dolores profundos, abusos o traumas no tramitados. Por ello, la estrategia no busca intervenir únicamente cuando el problema ya está instalado, sino generar espacios de contención comunitaria para evitar que las redes delictivas sigan reclutando a la juventud de la región.
Redes de contención y acompañamiento familiar
La labor de la organización incluye el trabajo directo con las familias, quienes en la mayoría de los casos son el primer eslabón en buscar ayuda ante el proceso de negación del afectado. En el espacio ambulatorio de Acebal se articulan grupos de contención para personas en consumo (lunes y viernes a las 18:30) y para sus entornos afectivos (jueves a las 18:00).
Para contactar a la asociación civil y solicitar charlas o asistencia, la comunidad puede comunicarse a través de Instagram en @rompiendocadenas_ac o vía WhatsApp al 341 615-9751.
