Un temporal sin precedentes golpeó con fuerza a la capital de Tailandia, provocado por precipitaciones que superaron los 3.000 milímetros en 48 horas e intensas sudestadas. La acumulación de agua inundó las instalaciones del Aeropuerto Internacional Suvarnabhumi en Bangkok, forzando la suspensión total de las operaciones aéreas y la evacuación del predio. El colapso operativo dejó a más de 10.000 equipajes varados en las terminales, obligando al despliegue de efectivos de la Fuerza Aérea Real para custodiar y resguardar las pertenencias de miles de viajeros varados.
La crisis en el principal nodo aéreo de la región expone la falta de previsión ante eventos climáticos extremos y la fragilidad de la infraestructura aeroportuaria. Ante las cancelaciones masivas de vuelos por parte de aerolíneas como Thai Airways, la escasez de personal derivó en escenas de tensión e incertidumbre entre los pasajeros. Frente al desbordamiento de las capacidades operativas locales, las autoridades debieron recurrir a las Fuerzas Armadas para organizar la entrega del equipaje atascado en las áreas de transbordo.
La parálisis aeroportuaria se enmarca en un desastre ambiental de escala regional que ya se cobró decenas de vidas en Tailandia, Myanmar y Camboya. El gobierno tailandés decretó el estado de emergencia y dispuso una partida especial de 122 millones de dólares para brindar asistencia a los más de 2,6 millones de damnificados por los anegamientos. A pesar de la tregua temporal en las precipitaciones, las alertas meteorológicas persisten y las tareas de recuperación en Bangkok se prevén complejas.
