Una jornada que debía ser una fiesta popular derivó en un tenso episodio que puso bajo la lupa los métodos de control y la violencia institucional en espectáculos masivos. Durante su presentación en el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, el músico rosarino Fito Páez interrumpió el show al advertir que los agentes de seguridad privada amedrentaban al público, impidiéndoles bailar y levantarse de sus ubicaciones. Con visible indignación, el artista frenó el recital para exigir el cese del hostigamiento: “No quiero volver a sentir los 70 otra vez en mi país. Esté quien esté. A cantar y a bailar”, lanzó desde el escenario ante el respaldo unánime de los asistentes.
El cruce escaló cuando Páez interpeló directamente a los espectadores, instándolos a no dejarse avasallar y a defender sus derechos frente a los excesos del personal contratado. “No son policías, son seguridad de acá. Y nadie está haciendo nada malo. La represión que se la metan en el orto”, increpó el cantautor, remarcando la arbitrariedad con la que se pretendía disciplinar a la multitud. Luego de arrojar un micrófono como muestra del enojo generado por la situación y lograr que los agentes se retiraran del sector, el espectáculo pudo continuar bajo un clima de marcada reivindicación colectiva.
Tras la finalización del concierto, el artista ratificó su postura en redes sociales, vinculando lo sucedido con un peligroso proceso de naturalización de la violencia y el abuso de autoridad en la vida cotidiana. “Nos estamos acostumbrando a que un seguridad pueda tocarte o darte órdenes. Las maneras que vi me retrotrajeron a un pasado horripilante. Algo en nuestra sociedad se está instalando: alguien con un poder supuesto impone su voluntad sobre los demás”, reflexionó el músico rosarino. La reacción de Páez no solo dejó al descubierto las falencias de la logística privada en eventos culturales, sino que reabrió el debate sobre los límites del control y el avasallamiento de las libertades individuales.
