La escalada de violencia en las calles de Rosario cobró una nueva víctima en las últimas horas de este jueves. Pablo Damián Godoy, de 39 años, fue ejecutado a tiros a metros de su domicilio en la calle Larralde al 2800, en pleno barrio Godoy. El ataque, perpetrado por dos delincuentes que dispararon a quemarropa antes de darse a la fuga en motocicleta, expone nuevamente la extrema vulnerabilidad institucional y la falta de control efectivo en las zonas más postergadas de la ciudad.
El crimen se consumó en cuestión de segundos cuando la víctima se encontraba a bordo de un vehículo utilitario. Agentes de la Policía de Investigaciones (PDI) incautaron al menos seis vainas servidas en el lugar, confirmando el carácter letal del atentado que impidió cualquier asistencia médica a tiempo. Las actuaciones quedaron bajo la órbita del Ministerio Público de la Acusación (MPA), en un procedimiento que —como ocurre de manera sistemática en la región— concluyó sin detenidos ni sospechosos individualizados.
El caso añade un matiz alarmante al revelar que la víctima ya había sobrevivido a un ataque armado en marzo de 2019 cerca de Circunvalación y Rivarola. Este antecedente expone las graves falencias en los mecanismos de prevención y seguimiento estatal, dejando en evidencia un esquema donde la violencia armada se cobra vidas impunemente mientras la respuesta oficial sigue limitándose a peritajes posteriores en la escena del crimen.
