La entrega de un reconocimiento oficial en el Parlamento francés provocó una severa tormenta política en el país trasandino y encendió las alarmas en la diplomacia regional. Rodrigo Arenas, diputado franco-chileno perteneciente al espacio de extrema izquierda La Francia Insumisa, otorgó la medalla de la Asamblea Nacional de Francia a Héctor Llaitul, histórico cabecilla de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM). El homenaje institucional fue recibido en París por el hijo del dirigente, en momentos en que Llaitul purga una condena de 23 años de cárcel efectiva por delitos vinculados al uso de la violencia y la ocupación territorial en la Macrozona Sur chilena.
El acto fue justificado por el legislador galo como un gesto de «visibilidad institucional» hacia la causa del pueblo mapuche, desatando una inmediata y furiosa reacción en los sectores políticos de Santiago. Desde la opositora Unión Demócrata Independiente (UDI) exigieron a la Cancillería chilena que convoque de urgencia a consultas al embajador francés, Cyrille Rogeau, calificando la distinción como una intromisión inaceptable que blanquea la figura de un condenado por la justicia e intenta instalar la narrativa de una supuesta persecución política sobre actos de violencia sistemática.
La controversia reabrió además un viejo reclamo de impunidad que salpica las relaciones bilaterales con Europa. Desde el Congreso chileno recordaron el antecedente de Ricardo Palma Salamanca, condenado por el asesinato del senador Jaime Guzmán en 1991 y refugiado bajo asilo político en suelo francés desde 2018. El episodio expone las profundas grietas en el manejo de los conflictos territoriales y la doble vara de ciertos sectores internacionales para convalidar a agrupaciones radicales que operan al margen de la ley en Sudamérica.
