13 octubre, 2026
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Un gravísimo incidente de seguridad aérea internacional se registró a bordo de un vuelo de la compañía Flydubai con 174 pasajeros rumbo a Tel Aviv, cuando el copiloto intentó tomar el control de la aeronave para estrellarla. El agresor, identificado como Hamam al-Hammami y de nacionalidad omaní, atacó al comandante en la cabina utilizando un hacha de emergencia, lo que obligó a emitir la señal de secuestro y realizar un descenso abrupto de más de 5.000 metros en un minuto. La acción del capitán y la irrupción de pasajeros permitieron reducir al atacante y efectuar un aterrizaje de emergencia en Arabia Saudita.

La investigación oficial de la Fiscalía General de Emiratos Árabes Unidos confirmó que el copiloto planeaba un atentado terrorista. El hecho cobró mayor gravedad al revelarse que al-Hammami ya había sido inhabilitado previamente por la aerolínea Omán Air tras ser investigado por posturas extremistas, tenencia de material radical e incluso permanencia en territorio sirio. Pese a estos antecedentes y a comportamientos incompatibles con la seguridad aérea denunciados por sus compañeros, el sospechoso logró incorporarse a la flota de Flydubai hace ocho meses sin que los filtros internacionales detectaran el riesgo.

El episodio generó una fuerte conmoción diplomática y puso bajo la lupa las graves fallas en los controles de inteligencia y los protocolos de contratación de las compañías aéreas internacionales. Las principales autoridades gubernamentales de la región y organismos de aviación iniciaron auditorías urgentes para determinar cómo un sujeto con antecedentes de radicalización obtuvo autorización para operar rutas sensibles. El caso reabre un debate decisivo sobre la negligencia en los sistemas de seguridad globales y la urgencia de endurecer los criterios de fiscalización en el transporte comercial.

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